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lunes, 18 de agosto de 2014

Esclavitud Moderna - [I] SOMBRAS DE SOMBRAS SOBRE HUMO

ACLARACIÓN: versión resumida del libro impreso "Esclavitud Moderna, en la Caverna de las Alegorías", del autor Piedrabuena, editado por Tinta China Ediciones




“EL MUNDO REAL” 
vs. 
“LA REALIDAD” 


El paso inicial del camino es precisamente voltear la cabeza y descubrir que nos encontrábamos observando sombras sobre un muro; viendo apenas la mitad de todo el panorama, convencidos de que eso era la Verdad. Y para eso es necesario reconocer en nosotros y en la sociedad un fenómeno al que mencionaremos como El divorcio entre el Mundo Real y La Realidad. Pero antes distingamos claramente a qué se llama Mundo Real y qué es La Realidad. 
El Mundo Real engloba todo aquello relacionado a la naturaleza independientemente del hombre, suponiendo que éste no existiera sobre el planeta, como por ejemplo los fenómenos propios de los cuatro elemento y sus interacciones: los terremotos, los volcanes, la orogénesis, el deshielo, las sequías e inundaciones, las mareas, los cambios de estación. Dicho de otro modo, todo cuanto “ES”. 
Entonces La Realidad debemos entenderla como la interpretación humana de todos los fenómenos antes mencionados, conocidos o ignorados. Nociones tales como el territorio, el valor fiscal de la tierra, las crisis económicas, los meses y sus nombres, las semanas, los días, las fechas. 
De hecho, el mejor ejemplo de La Realidad es sin duda alguna la presencia de las fronteras intergubernamentales, es decir algo que no existe por si mismo como un objeto tangible, sino en las mentes de quienes voluntaria o involuntariamente acuerdan en darle entidad real a lo abstracto. El lenguaje, la medición del tiempo, los calendarios, los órdenes sociales, la economía, el arte, la ciencia, la espiritualidad y toda otra expresión de la cultura son elementos de la Realidad creados como mecanismos de adaptación para perpetuar la satisfacción de las necesidades humanas, tanto biológicas como sociales. 

Pero, ¿existe una diferencia tan marcada entre lo Real y La Realidad? 

CUENCO-CONTENIDO

La Realidad humana siempre será hija del Mundo Real, estando supeditada irreversiblemente la primera a la segunda. Tal vez convenga apreciar a la naturaleza como un cuenco, y a la cultura como aquello que es contenido, siendo la unión de ambos necesaria para justificar sus existencias por separado. Dicho de otro modo, el Mundo Real es la base fundamental sobre la que se emplaza La Realidad, y no a la inversa. 
       Siempre existió en la humanidad una noción clara y certera de que el trabajo de la tierra es primordial para el sustento de la vida, siendo la actividad industrial incapaz de sobrevivir por sí misma, eternamente subordinada al agro, sin el cual sería imposible todo subproducto manufacturado. Pero hoy hemos volteado la ecuación. Vivimos en ciudades ajenos a las dinámicas de la naturaleza que permiten tal forma de vida.  
        Durante milenios hemos medido el tiempo según los ciclos naturales de la órbita terrestre, su rotación y traslación, la luna y las estrellas. En cambio, en plena modernidad, desde pequeños se nos enseña que el año empieza el primero de enero y termina el último día de diciembre. Que el mes tiene 30 o 31 días, salvo febrero con 28. Que la semana arranca el lunes y concluye el domingo. Que el día comienza al amanecer y finaliza al anochecer. Que uno nace, vive, se reproduce y muere. Que la historia de la humanidad, y nuestra vida misma, es una sucesión de eventos en línea recta que va desde el pasado a través del presente hacia el futuro. 

Así, el tiempo nos luce como un movimiento unidireccional donde lo que sucede ahora mismo es el resultado directo de lo pasado, como a su vez el futuro será secuela directa del ahora. Un inalterable causa y efecto lineal, dialéctico y perpetuo, que nos toca experimentar arbitrariamente al momento histórico de nuestra concepción. 

Sin embargo, el Mundo Real no es lineal sino circula. El ciclo femenino, el ciclo vital de los hombres, los ciclos de cultivos, el ciclo del agua; absolutamente todo posee un momento de Plenitud al que continúa uno de Vacuidad que luego conduce a otro de Plenitud y así sucesivamente en un movimiento eterno, constante, rítmico. 
Es por eso que la mayoría de los pueblos ancestrales han recurrido al círculo para graficar de algún modo la idea de continuidad en sus calendarios agrícolas. El calendario es precisamente eso, una herramienta que facilita la previsión, el anticipo, la organización del trabajo y la sustentabilidad de la producción alimenticia. Entonces bien podríamos decir que el calendario solar o lunar de los pueblos ancestrales es una sombra mental del ciclo orbital de la Tierra. Un reflejo, un eco de la naturaleza en la vida humana. 
Pero, ¿cómo nace el calendario moderno? Con la expansión del Imperio Romano fue  imperativo oficializar un calendario que universalizase la liturgia y los festejos en todo el territorio imperial, y así nació el calendario que aún hoy utilizamos. A partir de entonces la medición del ciclo de veintiocho días y trece lunas, pasó a ser una medición lineal del tiempo de doce meses, de treinta o treinta y un días, tomando el nacimiento de Jesús de Nazaret como el año cero. 
  
Podríamos decir que, así como los calendarios primitivos son una sombra o reflejo del ciclo anual real, el calendario moderno es, a su vez, un eco, un derivado o una deformación de dichos calendarios primitivos, o sea una sombra de otra sombra. El sentido real de las festividades es desconocido, ignorado, a veces incluso voluntariamente, por la masa popular que las mantiene vivas. Ya sólo son motivo de feriado o de compras compulsivas para regalar de igual modo sin saber bien por qué. Es lo que siempre se hizo. 
 Este es el punto al que hemos pretendido llegar desde un principio. Nuestra relación actual con el tiempo, lineal y progresivo, se ha vuelto un arma de doble filo que por un lado nos ha permitido asegurar la supervivencia en muchos aspectos, a la vez que por idénticas razones hemos puesto en peligro esa misma supervivencia para las generaciones futuras. 
Y ese es el problema de base: que la vida humana en términos de un tiempo lineal y progresivo presupone un principio, un fin y una singularidad única contenida entre ambos. Esa es la razón por la que nos vemos impelidos a aferrarnos a lo individual de todo lo que empieza porque en algún momento concluye, y con eso también desaparece la singularidad. Hemos volteado el rostro a los ciclos naturales y confinado nuestra noción de trascendencia al exclusivo ámbito de lo personal, incluso peor aún, a las posesiones materiales. Con ello a la vez hemos perdido la visión  a largo plazo de dónde veníamos y hacia dónde íbamos como cultura, o cuál es nuestro aporte como individuos a la trama social del día de mañana. Tememos a la muerte como el fin último, el cese de nuestra línea de tiempo particular y por tanto el cese de todos los tiempos posibles.
       El humano moderno vive La Realidad de manera cada vez más intensa, prestando menos atención al lento, fijo e invariable Mundo Real. Es que el mundo de los hombres es rápido, dinámico, cambiante y fugaz, y quien no está ahí para vivirlo a pleno puede perderse de vivir el momento, vivir el presente, disfrutar hasta el hartazgo, que la vida es una sola y nadie vino aquí a pasarla mal. Mientras tanto, el Mundo Real sigue siendo igual: día, noche, invierno, verano, llanura, montaña, tierra, nubes, y plantas, muchas plantas. Y todos sabemos lo poco estimulante que puede resultar una planta.

NO SÉ LO QUE QUIERO, PERO LO QUIERO YA
En el Mundo Real todo es proceso, lo que no sube está bajando, pero sólo para volver a subir otra vez. Nada crece o desaparece sin su debido tiempo. Sin embargo, La Realidad prácticamente anula la concepción de proceso e incentiva la admiración casi absoluta del producto ya terminado, listo para su consumo. Desde los alimentos hasta incluso las expresiones artísticas, el valor está dado por la puesta en escena, la presentación, el prestigio. Los artistas son consagrados o no son nada. Y muchas veces, dicha consagración no es producto de años de perfeccionamiento en la técnica sino que responde a los intereses del mercado, como es apreciado con facilidad en esos grupos musicales que son el boom del momento y luego desaparecen rápido como llegaron. Sólo tal interés del mercado puede explicar que expresiones artísticas de tan humilde calidad puedan generar fanatismo y ser consumidas de manera masiva. 
La Realidad misma, sin ir más lejos, también es un proceso. Muchos otros innumerables aspectos de nuestra realidad cotidiana no siempre fueron como hoy los percibimos, fijos e invariables. Conceptos como la familia, el amor, la fidelidad, la amistad, la paz, la sexualidad, el progreso, el bien o el mal han ido cambiando, y lo seguirán haciendo, a lo largo de la historia de la evolución de las sociedades. Para las generaciones futuras, que dos hombres o mujeres puedan contraer unión civil y criar hijos será algo tan normal como lo es para nosotros los derechos de la mujer o el voto femenino, algo totalmente impensado, y hasta escandaloso, tan sólo poco menos de un siglo atrás. 


     La ignorancia y el olvido, a veces premeditado, de los incesantes cambios por los que La Realidad ha ido transitando desde su origen hasta el presente tiene el poder de encasillarnos en una falta casi total de potencial de cambio, de creatividad, soltura y libertad de expresión. Y peor aún, permite, a quienes detentan el poder, moldear La Realidad según sus intereses sin que nosotros, borregos, siquiera cuestionemos cuán necesario o armónico para con el Mundo Real son las leyes que promulgan, o los confines territoriales que disputan, o los trámites burocráticos, los valores del mercado, las modas y tendencias. 
      Así, pues, resulta clave empezar a discernir y apreciar cuán Real es La Realidad en la que vivimos, y cómo es que dicha Realidad, propia o colectiva, afecta al Mundo Real que la sustenta de manera ciertamente negativa; poniéndose en riesgo a sí misma. 

Producimos alimento vegetal y animal de modo masivo e industrial, embotellamos agua y la vendemos, bombeamos tóxicos a la atmósfera contaminándolo todo, adentrándonos poco a poco en una espiral que por su propia dinámica nos conducirá de regreso al equilibrio, no sin antes pasar por un caos sin precedentes al que vamos marchando a paso acelerado. ¿Qué será de la industria y de todos aquellos que se sirven de ella directa o indirectamente si un cambio climático mundial imposibilita el cultivo de la tierra -no digamos para siempre- sino tan sólo por unos dos o tres años?

La naturaleza tiene leyes, y esas leyes irrevocables legislan La Realidad del hombre, de sus átomos a los pensamientos. Entonces, claro es que si las leyes de la naturaleza entran en conflicto con las leyes civiles del hombre, éstas últimas se vuelven polvo. Si repentinamente no hubiera más qué comer; ni qué beber, ni tierra cultivable alguna que permita la subsistencia de la humanidad; el mundo de los hombres, La Realidad, se verá irremediablemente replanteada porque será necesario que así sea por mera supervivencia. 

     Actualmente son muchas las personas alrededor del planeta que sostienen ésta última idea; y ya sea desde lo postural o la acción, hace años se viene gestando poco a poco un efecto contagio con respecto a las nociones básicas sobre ecología, autosustentación, permacultura. Cada vez es más gente comienza a ampliar su realidad hacia los aspectos del cuidado que Mundo Real requiere. Y probablemente de eso se trate todo el asunto, de volver a posar la atención en el Mundo Real para que este remodele La Realidad de manera tal que la interrelación entre los dos sea más armónica y con menos resultados negativos como nos depara el capitalismo productivista. 

LA FRONTERA ENTRE EL MUNDO REAL Y LA REALIDAD 

Antiguamente las fronteras urbanas; allí donde lo urbano y lo rural se tocan, es decir la interfase entre lo agrícola y lo natural; eran espacios bien definidos que rodeaban las ciudades según lo que el transporte del momento y la demanda del mercado lo permitían. Más allá había monte y campo virgen. Antaño la contaminación de la urbe quedaba restringida a sus lindes. Pero hoy no, hoy todo es frontera, donde uno pose los ojos verá alambrado, sembradíos, ganado, o campo pelado. Los pocos montes y bosques naturales que quedan forman islas de un reducido ecosistema nativo en aras de extinción absoluta.

El monte es el principal encargado de mantener la fertilidad y la humedad de la tierra. Sin el bosque la tierra se compacta y el agua de lluvia o de riego corre lateralmente por la superficie lavando los nutrientes. Los terrenos se salinizan y comienza el proceso de desertificación porque una tierra hostil al desarrollo vegetal, nada albergará por más humedad que se le provea. Así mismo, el bosque cumple la función de purificar el aire y amortiguar los rayos ultravioletas del sol por lo que sin él no sólo aumentan los niveles de toxinas en la atmósfera, sino que además a su vez se agrava el problema por las millones y millones de hectáreas de tierra continental que hasta hace poco eran verdaderos vergeles inexplorados, ahora convertidos en campos arados. La tierra negra descubierta refracta calor del sol a la atmósfera durante el día, sin la capacidad de reabsorber ese calor durante la noche, acelerando el proceso del efecto invernadero. 

Ahora el problema es que mientras los recursos naturales pertenecen al Mundo Real; su mejor aprovechamiento es una concepción abstracta de La Realidad fácilmente modelable y ésta puede ser transfigurada de modo tal que beneficie a los intereses del mercado; permitiendo que ciertas explotaciones nocivas sean legitimadas por medio de rentas fiscales destinadas a inversiones en obras y servicios públicos. Tal es el caso de la soja y los cereales transgénicos: una práctica agrícola en extremo destructiva disfrazada de progreso social y crecimiento económico nacional e internacional. 

LA REVOLUCIÓN VERDE 

         Nunca antes en la historia de la humanidad hemos producido alimento para más personas de las que habitan el planeta. Tomas Malthus, hacia principios del s.XIX publicó su “Ensayo sobre el principio de la población”, donde predecía el fin de la humanidad al crecer su densidad poblacional de manera desmedida sin poder igualar la tasa productiva de alimentos, lo que desencadenaría todo tipo de crisis económicas, guerras y finalmente la reducción severa de la población o la extinción total. 
La Catástrofe Maltusiana ha quedado trunca. La Revolución Verde ha evitado hambrunas y salvó de la muerte segura a millones de personas alrededor del mundo. Ese argumento, no menor, es el principal recurso esgrimido en las campañas que promueven estas formas de cultivos. Sin embargo, la realidad cotidiana, y el empirismo histórico, demuestran que el hambre y la desnutrición siguen existiendo  y claramente ninguna de las dos tienen relación directa al desabastecimiento y la escasez real de alimentos, sino con la escasez de medios para poder acceder a ellos. 

   La brecha entre ricos y pobres se agrandó aún más y esto aportó al iniciado proceso de Éxodo Rural que veremos más adelante. Se estima que en el planeta hay más de 500 millones de habitantes rurales del Tercer Mundo que no son propietarios de las tierras que trabajan ni tienen los medios de autoabastecerse. 
 El urbano común y corriente, o sea la gran mayoría de los habitantes del planeta, no sólo no posee los medios de producción ni la tierra para autosatisfacer sus necesidades básicas sino que además, ignora y desconoce casi por completo cómo hacerlo. Todo lo anterior se traduce en: a) una pérdida paulatina y directa de la soberanía alimenticia; ya sea por no poder acceder a los medios productivos, o por falta de conocimientos técnicos; b) es el mercado quien digita qué se exporta, qué se consume, y por tanto, qué se produce y cómo se produce. 

La agroindustrialización productivista no responde a otra lógica que la depredación de recursos del sistema capitalista. Los requerimientos de combustible fósil se han triplicado o cuadriplicado desde los inicios de la Revolución Verde debido a la fabricación de agrotóxicos, cuyos químicos de base suelen ser derivados del petróleo; además del consumo de combustible utilizado por la maquinaria agrícola que se encarga de hacer el trabajo pesado. La agricultura moderna depende de manera mucho más directa de la extracción de combustible que de cualquier otro fenómeno natural o social. Es decir, una forma de producción supeditada a otra que -como sabemos- se halla en vías de extinción. ¿Qué será de la industria agrícola cuando la tasa de extracción de hidrocarburos decline severamente? 


DESNUTRICIÓN NO, 
MALNUTRICIÓN Y ENVENENAMIENTO


Prácticamente todo el alimento que se puede adquirir en un supermercado, de la carne a la comida chatarra, contiene algún derivado de los principales monocultivos del mundo; maíz, trigo o arroz genéticamente modificado. A pesar de lo mucho y variado que creamos estar comiendo en realidad nos alimentamos con unos pocos granos de pobres nutrientes. Se los halla en pequeñas proporciones en casi todas las pastas secas, la comida rápida y las golosinas en general, bajo la forma de lecitinas, “grasas trans” o harinas como agregado para engordar y estirar la producción. Puesto de otro modo, en la medida que se ha incrementado la producción alimenticia, hemos creado algo diferente a la amenaza de hambruna; es decir la mal nutrición masiva. 
Las poblaciones rurales de áreas netamente productoras de grano presentan elevados signos de cáncer, malformaciones fetales, abortos espontáneos, problemas respiratorios y cutáneos y otros relacionados al funcionamiento del sistema hormonal o reproductivo. Estudios científicos han demostrado que dosis mil veces inferiores a las aplicadas sobre las plantas son altamente letales para las células humanas. La legislación actual sobre el tema presenta adrede sendos baches; e incluso en aquellas comunas donde se ha restringido la pulverización aún así los dueños de las tierras siguen fumigando debido al escaso control existente. Mientras Europa legisla en contra de las empresas y a favor de la población, en Argentina la venta de agrotóxicos pasó de los 30.000.000 de litros anuales a 230.000.000 en poco más de una década; y Monsanto planifica construir más de cinco plantas productoras en dicho territorio.
A escala global, la pulverización indiscriminada de agrotóxicos ha traído serios perjuicios a la biodiversidad vegetal y animal. Pero a su vez, también a las semillas, pues se redujo el cultivo a unas pocas variedades modificadas genéticamente; lo que conlleva la pérdida de las particularidades genéticas de las variedades tradicionales que han sido adaptadas al medio durante miles de años por los pueblos del Mundo. Las variedades de trigo, maíz, arroz, han sido reducidas a una tercera parte de lo que en realidad eran a principios de siglo; y no es de extrañar entonces que por algún motivo bien fundado la Fundación Rockefeller, la Fundación Gates y Monsanto financien la construcción de una bóveda segura donde guardar semillas en el corazón de una montaña noruega. Si quienes financian la expansión de la Revolución Verde toman semejantes recaudos, ¿qué deberíamos estar haciendo nosotros?
Pero puede que la Elite no esté tan equivocada después de todo, en el aire hay aroma a desastre global inminente. Un escenario como la Catástrofe Malthusiana bien podría ser posible, pero tal vez no por lo que Malthus propuso –falta de comida-.  Siendo miles de millones sobre el planeta el desabastecimiento de lo necesario para la supervivencia podría darse en otros recursos tan importantes como el agua, la madera, o incluso la salud misma. Porque precisamente gracias a la Revolución Verde advino también una explosión demográfica sin igual en la historia de la humanidad. Sólo en los últimos cien años, de los cinco mil de historia escrita, hemos cuadriplicado la población y con ella las demandas de materia prima, energía y recursos que se solicitan a la Tierra.

Y sin embargo, pese a un peligro real que un simple mortal de la media -como usted o yo- puede intuir fácilmente; aún así el avance de la frontera agrícola para la agroexportación extractivista se nos sigue presentando como un modelo de progreso, de crecimiento económico, de avance y competitividad internacional, de rentabilidad y mejoras a la infraestructura civil, de política de Estado a favor del bienestar social. En un mundo de recursos finitos no renovables, ¿cuánto tiempo más pensamos que puede continuar el modelo económico de crecimiento infinito? ¿Es el progreso lineal de la sociedad y la acumulación de riquezas un sistema viable a largo plazo? 

 En conclusión, si el Mundo Real nos está avisando que La Realidad ya no es compatible con él… ¿Serviría de algo la telefonía celular, Internet, una cámara de fotos digital, una 4x4, zapatillas de marca o incluso éste tonto libro en un mundo de intenso calor, donde rara vez llueve, el cultivo de la tierra es casi imposible y la comida y el agua escasean? 
¿Qué industria existiría sin siquiera materia prima alguna? ¿Qué famosa estrella del cine o político brillante o ideología genial nos importaría admirar con la panza vacía? ¿Cuánto más pasará hasta que despertemos a la realidad de que luchamos contra molinos de vientos? ¿No es acaso tiempo necesario de empezar a reconocer las sombras por lo que son y voltear el rostro hacia quienes las producen? 

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ACLARACIÓN: versión resumida del libro impreso "Esclavitud Moderna, en la Caverna de las Alegorías". 

AUTOR
Piedrabuena

EDITADO POR
Editorial Tinta China
editorialtintachina@gmail.com
www.editorialtintachina.blogspot.com

Licencia de Creative Commons
La Esclavitud Moderna de Piedrabuena es licenciada bajo los derechos  Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

Creado a partir de la obra en www.piedrabuena.blogspot.com


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